|
Nace
en Riudecanyes el 28 de mayo de 1848 y es bautizada al día
siguiente en la parroquia de su pueblo natal.
El 8 de julio, Antonio Guasch, su padre, que ya estaba fuera
del hogar, arrebató violentamente de los brazos de su
esposa a su hija Teresita y huyó con ella, con peligro
para la vida de la pequeña. La niña fue recuperada
por la abuela materna, Magdalena ayudada de otros hombres del
pueblo que corrieron tras Antonio.
El 8 de agosto de 1848, Teresa Toda, la presenta al Sr. Arzobispo
de Tarragona, para que le administre el Sacramento de la Confirmación.
Desde finales de ese año Teresita ya vivirá en
Tarragona, con su madre, su abuela y sus tíos. En 1853,
Teresita es matriculada en el Colegio de la Compañía
de María. Teresa Toda quería una esmerada educación
para su hija, sobre todo una formación bien asentada
en los principios y valores cristianos, y que ella misma, en
el seno familiar, procuraba inculcarle.
Y así juntas, madre e hija, se van convirtiendo en tierra
abonada y preparada para recibir y acoger la llamada de Dios.
En 1863, su madre le confía a su hija su deseo de consagrarse
a Dios, fundando un Instituto religioso para la acogida y educación
de niñas huérfanas. Teresa
Toda ayuda a su hija a leer el paso de Dios por sus vidas
y su designio amoroso y providente sobre ellas. Teresa Guasch,
que había pensado en ingresar en otras Congregaciones,
acogió plenamente el proyecto de su madre y se identificó
con él.
Desde este momentos las dos TERESAS, madre e hija, en perfecta
unión y armonía, sólo tienen una meta:
Consagrar su vida a Dios y fundar una Congregación al
servicio de las huérfanas, preferentemente. Aconsejadas
por el Dr. Caixal, Canónigo de la Catedral de Tarragona
y director espiritual de la madre, van preparando y disponiendo
todo en silencio, salvando muchas dificultades, y no perdiendo
nunca su fe inquebrantable en Dios.
En 1868, aconsejadas por el ya Obispo Caixal, se establecen
en Barcelona. Sin embargo, no eran aquellos los tiempos propicios
para fundar una Congregación religiosa en beneficio de
las huérfanas, y pasarán años de silencio
y plegaria, intentando cimentar sólidamente su obra.
En 1874, y en nueva entrevista con el Obispo Caixal, éste
les urge a poner por obra la fundación. Realmente, una
obra como la que ellas se proponían, de tal envergadura,
y con los precarios medios de que disponían, necesitaba
de la energía de aquel indomable prelado, del carácter
decidido de Teresa Toda y del amor
poderoso de Teresa Guasch
En 1883, aprobadas por el Vicario Capitular del Obispado de
Barcelona las primeras Constituciones del Instituto, junto con
su madre, y otras tres compañeras, Catalina Pera, María
Vallés y Rosa Capdevilla, Teresa Guasch hace su Profesión
religiosa.
Teresa Guasch será la que encarnando mejor que nadie
el ideal de su madre, se convierta ella misma en la inspiradora,
la pedagoga y el alma de la Congregación. Primero en
vida de su madre, y luego como continuadora de su obra. Ella
está en todo: en la fundación de las casas, en
la fijación de las leyes, etc.
En 1898, tras la muerte de su madre, es elegida Superiora General
de la Congregación, cargo que desempeñó
hasta su muerte. En 1902 ella obtuvo la aprobación diocesana
definitiva y en 1911 el Decreto de Alabanza y la aprobación
definitiva del Instituto.
Siguieron otras fundaciones: 1902, Roda de Bará; 1906,
Sabadell; y 1916, Tarragona, la última fundación
de nuestras Fundadoras. En 1912 la aquejó una grave enfermedad
lo cual no será obstáculo para que continúe,
con tesón y constancia al frente de su obra. Pero la
enfermedad va minando su organismo y ella que siempre trabajó
infatigablemente, multiplicó su actividad en los últimos
días porque ya presentía su fin próximo.
La M. Teresa Guasch gozaba de la admiración, amor y respeto
no sólo de las hermanas de su Congregación, sino
también de cuantos la conocían y se relacionaban
con ella. Muchos la describieron como una mujer de extraordinaria
calidad humana y espiritual.
Su profunda experiencia de Dios la ayudó a asumir con
paciencia las contrariedades y dificultades de los últimos
días de su vida, producto no sólo de su enfermedad
sino también de algunas situaciones dolorosas dentro
del mismo Instituto al que tanto amaba y por el que luchó
con todas sus fuerzas desde el principio de su fundación.
El día 15 de diciembre, sábado, entre las 11 y
las 12 de la noche entregó su alma a Dios. La fama de
santidad que tuvo cuando vivió, se confirmó y
fue aumentando después de su muerte. Muchas personas
se vienen encomendando a ella, y según aseguran, obtienen
gracias por su intercesión.
Estas son las dos Teresas, Fundadoras, ambas, de la Congregación.
Su itinerario espiritual no se puede separar. La madre es la
que tiene la intuición, la que recibe, primero, el carisma,
la hija, acogiéndolo y haciéndolo suyo, lo impulsa
lo dinamiza, lo potencia, lo lleva adelante.
El día 19 de abril de 2004, se promulgó en Roma
el Decreto por el que la Iglesia reconoce oficialmente la heroicidad
de sus virtudes y fue declarada "Venerable".

|