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Nuestra misión en la Iglesia
Nuestra
misión en la Iglesia es extender y consolidar el Reino en el
pueblo de Dios, anunciando la Buena Nueva, impulsada por el mandato
de Jesús: "Id por el mundo, predicad el evangelio y haced
discípulos míos
", confortando y ayudando a
los débiles, especialmente niños y jóvenes huérfanos,
alentadas por las palabras de Jesús que nos dice: "lo que
hicisteis con estos hermanos míos tan pequeños, conmigo
lo hicisteis". (C 67).
Cómo la llevamos a cabo
El
servicio lo concebimos como una manera concreta de ser y estar en los
lugares a donde hemos sido enviadas, sean o no de frontera. Como Carmelitas
Teresas de San José nos hacemos presentes allí donde hay
orfandad, urgencia en defender la vida, y en dar sentido a la existencia
desde los valores evangélicos.
Llevamos a cabo nuestra misión evangelizadora en escuelas y colegios
-públicos, concertados, privados y/o parroquiales-; casas-hogar,
apoyadas por los organismos sociales de los países; internados
y residencias para jóvenes estudiantes y/o trabajadoras; vinculación
a Cáritas parroquiales, participación en la pastoral parroquial
y en algunas obras sociales.
En la misión 'ad gentes' que realizamos en Grand Bassam (Costa
de Marfil), en Macomía (Mozambique) y en general en América
Latina, además de la educación a la niñez y juventud,
la acogida a niños y jóvenes en Hogares -internados o
residencias- y la pastoral en las parroquias, se hace un trabajo sencillo
en salud, alfabetización y promoción de la mujer. Algunas
de estas tareas son apoyadas solidariamente por nuestros colegios de
España.
La evangelización de nuestro mundo nos urge. De ahí que
nos esforcemos por ofrecer una buena formación cristiana, favorecer
la vivencia de la fe y mantener un ambiente familiar sencillo, solidario
y libre, en todos nuestros centros de vida y misión y con todos
los grupos implicados en ellos.
En ese camino misionero no nos sentimos solas. Compartimos nuestra misión
con comunidades eclesiales, religiosas, educativas y sociales. Y juntos
vamos perfilando un camino más evangélico y dignificador
de los pobres y excluidos a los que llega nuestra acción apostólica.
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