|
|
|

TIERRA SANTA TE ESPERA Y TE ACOGE
El viaje de tu vida
Así
titula su libro Emérito Merino Abad, Guía oficial y Comisario
de Tierra Santa, quien nos acompañó del 5 al 13 de agosto/09,
en y por la tierra de Jesús, a un grupo de 39 personas, de las
cuales 10 CTdeSJ.
En nombre de todas y cada una de las 10 Hermanas quiero agradecer a
Dios, el haber vivido esta incomparable experiencia; a la Congregación,
el haberla hecho posible; y a cada una de nuestras respectivas comunidades,
el habernos facilitado, con gozo y desinteresadamente, la realización
de este viaje.
La vivencia de sentimientos y emociones sólo la persona que los
experimenta puede expresarlos, por eso me limitaré a comunicaros
cuál fue nuestro itinerario en pos del Jesús hecho hombre,
al que percibimos, casi de manera real, en cada uno de los lugares.
El día 5 de agosto despega el avión a las 12,07 horas
de Madrid-Barajas.
El primer día de nuestra estancia en Tierra Santa visitamos el
Monte de las Bienaventuranzas. Estar en aquel lugar, sentirse
discípulo escuchando a Jesús, es para vivirlo.
Después, el Lago de Tiberiades. Imposible estar allí
sin meternos en el agua del lago. Recordamos el Primado de Pedro
o Nuevo Cenáculo. Jesús los esperaba a la orilla
con los peces asados. Allí mismo celebramos la Eucaristía.
Y cerca, en Cafarnaún, vemos la casa de Pedro y la Sinagoga.
A continuación, la Travesía en barca por el lago de Tiberiades.
Se levantó viento pero no llegó la tempestad. ¡Admirable!
El Monte Carmelo, con una altura de 550 m., se levanta majestuoso
sobre la bahía de Haifa. Elías y la Virgen del Carmen
tomaron posesión de su cima y ahí están acogiendo
a penitentes y peregrinos.
En el Río Jordán renovamos las Promesas del Bautismo
y, metidos en el río, bautismo individual. Podemos decir que,
al derramar el sacerdote el agua sobre nuestras cabezas, quedamos re-bautizados.
¡Qué momento!
En Caná de Galilea los matrimonios renovaron el compromiso
contraído en el sacramento del matrimonio. Lo vivieron intensamente.
Peregrinamos con personas tocadas de lleno por la fe.
En Nazaret visitamos la gran Basílica de la Anunciación
y la Casa de la Virgen, donde se encarnó el Hijo de Dios. Aquí
celebramos la Eucaristía, y tocando y mirando con emoción
contenida el lugar donde el Ángel se encontró con María,
renovamos nuestra Profesión Religiosa ¿Se puede pedir
más?
La altura del Monte Tabor (588 m.) y su aislamiento, lo destacan
sobre la llanura del Esdrelón. Celebramos la Eucaristía
en la Basílica de la Transfiguración y, nos dirigimos
hacia el Mar Muerto. Un alto en el camino nos permitió contemplar
el lugar de asentamiento de los esenios, Qumrán, y las grutas
donde fueron encontrados los siete rollos de manuscritos.
Llegamos a Jericó, la tierra prometida. La ciudad amurallada
más antigua del mundo, la de las palmeras datileras y las rosas.
En ella tuvo lugar la curación del ciego Bartimeo y está
el sicómoro al que subió Zaqueo
En el desierto de Judea contemplamos el monte de la Cuarentena
donde Jesús fue tentado por el diablo. Es impresionante. Llama
la atención los núcleos de beduinos que se ven hoy día.
Al llegar a Jerusalén, asombro y emoción ante la
vista panorámica desde el monte de los Olivos.
Nos alojamos en CASA NOVA, de los Franciscanos. Al estar en el corazón
de Jerusalén, a tan sólo unos cinco minutos de la Basílica
del Sto. Sepulcro, nos permitía, después de cenar,
acercarnos a la Basílica y continuar hasta el Muro de las
Lamentaciones. Buenísima oportunidad, al ser el "Shabat"
judío, para ver y contemplar lo que para ellos supone este muro.
En el Huerto de los Olivos tuvimos la suerte de entrar en el
mismo Huerto donde Jesús se retiraba a orar. Celebramos la Eucaristía
en la Basílica de la Agonía, tocando al Huerto. Impresionante
el situarte ante la roca sobre la que Jesús sudó sangre,
poder tocarla y besarla... e impresionante también, penetrar
en la Gruta del Prendimiento, donde Jesús se guarecía
con sus apóstoles y donde Judas lo entregó.
Desde el Monte de los Olivos iniciamos, a pie, el mismo recorrido que
Jesús hizo el Domingo de Ramos deteniéndonos en el mismo
lugar: "Dominus Flevit" que lo hizo Jesús aquel
día para llorar sobre Jerusalén. (Si conocieras al menos
tú, en este día...)
En una de las dos capillas de la Flagelación iniciamos
el recorrido de la Vía Dolorosa o Vía Crucis. Portando
una cruz de gran tamaño fuimos de estación en estación
por las mismas calles que lo hizo Jesús y parándonos en
los mismos lugares de las estaciones que Él lo hizo. No hacen
falta palabras para adivinar los sentimientos y afectos que nos embargaron
en ese recorrido.
Calvario o lugar de la Crucifixión. Ya habíamos
estado varias veces en este lugar, ya habíamos podido arrodillarnos
sobre la roca e introducir la mano hasta tocar el mismo lugar en el
que fue fijada la cruz con el cuerpo de Jesús pendiente (¡escalofriante!)
y, habíamos tocado, besado y orado sobre la Piedra de la Unción
(losa que acogió el cuerpo del Señor para ser embalsamado
y preparado antes de colocarlo en el sepulcro). Después de cenar
nos apresuramos para poder entrar en el Sepulcro, tocar, besar
y orar sobre la losa que lo cubre. Jesús estuvo allí,
ya no está, ¡Ha resucitado!
Otro día visitamos la Explanada del Templo con sus Mezquitas:
Omar y El Aksa, donde había estado construido el gran Templo
de Jerusalén. A continuación, el Templo de Sta. Ana
y la Piscina de Betsaida donde Jesús curó al paralítico.
Ya en teritorio palestino nos encontramos en Belén, donde visitamos
la Basílica de la Natividad. Celebramos la Eucaristía
en la Capilla del Santísimo, de la comunidad franciscana. Después
de comer, y a pesar de la multitud de personas, pudimos entrar y orar
nuevamente en la gruta del Nacimiento de Jesús.
Estuvimos en la Gruta de San José y en la Gruta de San Jerónimo,
donde vivió muchos años dedicado a la oración y
a la traducción de la Biblia al latín: La célebre
Vulgata.
El Campo de los Pastores, a 3 km de Belén, recuerda a
los pastores que vigilaban sus rebaños la noche de Navidad y
a quienes los Ángeles comunicaron el nacimiento de Jesús.
Allí, en ambiente festivo navideño, un grupo de peregrinos
leoneses, nos invitaron a compartir con ellos el turrón y los
dulces típicos de Navidad.
En el Monte Sión estuvimos en el Santuario de San Pedro in
Gallicantu. En este lugar estaba la Casa del Sumo Sacerdote donde
tuvo lugar el juicio de Jesús por el Sanedrín. Una fosa
excavada en la roca, de gran profundidad y con sólo un pequeño
orificio en la parte superior, desde el que arrojaron a Jesús
atado con cuerdas, porque a duras penas cabía su cuerpo, hace
estremecer al corazón más duro. Allí pasó
la última y más dura noche de su vida en este mundo.
Y en el Cenáculo: ¡Emocionante! ¿Quién
no revive allí, sobre el mismo suelo y en el mismo espacio, la
institución de la Eucaristía, del sacerdocio, el mandamiento
del Amor, la traición de Judas, las apariciones del Resucitado,
la Venida del Espíritu Santo, la presencia de María en
ese instante...? Celebramos la Eucaristía en la Iglesia de los
Franciscanos, al lado del Cenáculo. (Nuevo Cenáculo)
Nuestro último día en Tierra Santa, de madrugada, volvimos
a vivir el gozo de poder entrar en el recinto del Santo Sepulcro,
recostarnos sobre la lápida y orar intensamente.
Visitamos Ain Karen, pueblo de Zacarías e Isabel, adonde
llegó María para ayudar a su prima. Ahí nació
Juan Bautista. Un santuario con el Benedictus reproducido en
muchos idiomas, lo recuerda. Y en otro Santuario dedicado a la Visitación
de María, se reproduce de igual modo, el Magnfíicat
de María.
El
13 de agosto regresamos a casa con la riqueza vivencial acumulada
muy dentro.
Una vez más, nuestra gratitud a Dios y a cuantas personas han
hecho posible esta riquísima experiencia.
En nombre de las diez Hermanas,
Mª
Concepción Villadangos P. ctsj
|
|