HH. CARMELITAS TERESAS DE SAN JOSÉ
50 AÑOS EN COLOMBIA
16 de julio de 2010

El cincuentenario de la presencia de nuestra Congregación en tierras colombianas, ha sido a lo largo de este año motivo de grandes celebraciones.

Celebraciones que han propiciado encuentros entrañables con amigos de siempre, con innumerables personas con las que hemos caminado a lo largo de estas cinco décadas y con los que hoy hacemos historia. Encuentros entrañables, también y sobre todo, con Dios.

Celebraciones llenas de colorido, música, fiesta, lágrimas emocionadas. Celebraciones cuidadosamente preparadas. Celebraciones, en fin, como nuestra familia sabe vivir y compartir: "con sencillo y agradecido corazón".

El 16 de julio fue el culmen de esas celebraciones. No podía ser de otra manera. María, la Madre, como siempre, nos congregó en su casa. Fue un día completo, espléndido. Lo cuento, siendo consciente de que muchas cosas no pueden llegar a explicarse.

En la Casa Provincial, en Bogotá, la fiesta comenzó la víspera, como corresponde al día mayor de la Congregación.

El Gobierno general, el Gobierno provincial de Colombia-Chile, las Superioras provinciales del Instituto y demás hermanas representantes de las diferentes demarcaciones -reunidas en la 5ª Asamblea General-, las superioras de las comunidades de Colombia, novicias y postulantes del Noviciado interdemarcacional, iniciamos la celebración en la Capilla, entrelazando tres motivos importantes:

1. Colocar ante María a las postulantes Sory Oscabel Vásquez Sosa, dominicana y Lizeth Paola Soler López, colombiana, que iniciaban su etapa de noviciado.

2. Confiar a nuestra Madre las reflexiones y frutos de la 5ª Asamblea general que, por primera vez, en la historia de nuestro Instituto, tenía su sede en tierras latinoamericanas.

3. Proclamar con María, y como Ella, que el Señor ha estado grande con nosotras en estos 50 años de historia de la Congregación, en Colombia.

Y, como toda fiesta mayor que se precie, después de compartir la fe, compartimos una deliciosa cena con verbena incluida, amenizada por "las divas de América", un grupo de mujeres mariachis.

El día 16 nos desplazamos en autobús, desde la casa Provincial, hasta el punto de encuentro: el patio de Primaria del colegio El Carmen Teresiano, en el sur de Bogotá. Al llegar, encontramos una imagen de la Virgen del Carmen que, bellísimamente adornada en una camioneta, iba recibiendo a todos los que acudíamos a su fiesta: dieciocho autobuses fueron llenándose de manera ordenada y festiva, bajo la mirada tierna de María: Cincuenta y dos hermanas, todo el personal del colegio (cien personas entre profesores, administrativos, auxiliares) y seiscientas estudiantes de Secundaria y Media vocacional, más las representantes de cada uno de los grados del colegio -desde prekinder hasta el grado undécimo- ("las alcaldesas").

Redobles de campanas, miradas filiales a la Reina-Madre y saludos fraternos, se entrelazaban, mientras la peregrinación iniciaba su recorrido hacia la catedral primada de Colombia, en el centro de Bogotá. La caravana estaba encabezada por nuestra Madre: en su camioneta, una pancarta que anunciaba: "estamos con María". Seguía el autocar de las hermanas y continuaban, con bocinazos semejantes a los de los barcos, los autocares de adultos y niñas del colegio.

Nunca vi la catedral tan hermosa. En el centro, una bellísima imagen de la Virgen del Carmen adornada con dos mil rosas (sí, con ¡dos mil rosas!). La ceremonia, solemne, por lo cuidadosamente preparada, y sencilla, por el afecto filial y fraterno que compartíamos, estuvo presidida por Monseñor Víctor Manuel López Forero, obispo emérito de Bucaramanga. Concelebraron un obispo y nueve sacerdotes amigos de nuestra Provincia, y participamos, además de los que llegamos en peregrinación, numerosas personas que se acercaban a honrar a la Santísima Virgen, en su día. La catedral abarrotada. Banderas, voces, gestos, cantos, plegarias, hicieron estremecer a todos los que vivíamos la eucaristía. Al finalizar, todas las hermanas nos abrimos paso hasta llegar al presbiterio y la Hna. María Anunciación Gil, Superiora provincial de Colombia-Chile, ofreció una ofrenda floral a los pies de Nuestra Señora, mientras todas cantamos el Himno del Instituto: "Reina del Cielo, Madre de Dios…", con voces emocionadas, agradeciendo su maternal cuidado a lo largo de nuestra historia.

Al salir, en el atrio, felicitaciones, saludos, encuentros emocionantes, prolongaron la comunión celebrada.

La Provincia nos invitó a todas las hermanas y a un número significativo de personas que nos han acompañado a lo largo de estos 50 años, a saborear un delicioso almuerzo en un restaurante que nos ofrecía, desde sus ventanales, las mejores estampas de Bogotá.

Al regresar de nuevo a la Casa Provincial, ya solas las hermanas, compartimos las emociones del día y cantamos con gratitud la canción que aprendimos de María: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque ha mirado nuestra pequeñez".

Concluimos esta gran celebración dirigiéndonos todas las Hermanas, precedidas por las "fundadoras" Hnas. Amparo, Pureza, Consolación y Aurora, hacia el patio central de la casa de la Provincia. Una placa cubierta despertaba nuestras curiosidades. La Hna. María Anunciación Gil nos dirigió unas palabras haciendo un recorrido por las comunidades y obras de Colombia, y recordando a todas las hermanas que han vivido, en ellas su consagración a Dios y a los hermanos. Invitó a la Hna. Cecilia Barreda, Superiora General a descubrir la placa, mientras entonábamos el himno del centenario: Cincuenta años de gracia…

Y en la placa, nuestra Madre entregándonos a Jesús. Y la relación de cada una de las comunidades de Colombia, como memoria agradecida por la vida recibida y entregada a lo largo y ancho del cincuentenario celebrado. Como compromiso de continuar haciendo historia de la mano de quien siempre ha sido y será nuestra primera y única Madre: la Reina del Carmelo.

Hna. Mª Lourdes Marco Playá, ctsj

 
       
 

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