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Santa Marta de Tormes, 1 de mayo de 2010
¡Me
has seducido Señor!, y me dejé seducir. (Jr 20,7)
¡Aleluya!
¡Gloria a Dios! Con alegría y gozo las Hermanas Carmelitas
Teresas de San José celebramos en Santa Marta de Tormes la acción
de gracias por la vida religiosa de nuestra Hna. Rosa Prieto Iglesias.
En 50 años son muchos los acontecimientos que la hermana ha vivido,
son muchas las personas con las que ha ido compartiendo tramos del trayecto
de su vida y el Señor, siempre y en todo momento, la ha sostenido,
la ha guiado y sobre todo, sobre todo, la ha AMADO. Y de esto os hacemos
partícipes: del amor de Dios para con nuestra hermana.
Así, ya el día anterior, recibimos a una Hermana del colegio
de Madrid y del hogar de Veguellina y a la Hna. Esther Rodríguez,
Superiora Provincial, y a alguna amiga que se acercaba para compartir
esta dicha y esta fiesta. Ese día fue de preparación donde
todos: hermanas, amigos y niños nos dedicamos a preparar la iglesia,
los carteles, la comida,
¡y el corazón! para que
todo estuviera a punto. A lo largo de la mañana del sábado
fueron llegando sus familiares y hermanas de Madrid y Valladolid. A
las 12:30 comenzó la celebración entre cantos y alegrías,
presididas por Richard, op que estuvo cercano y amigable durante todo
el tiempo. Compartimos la mesa de la Palabra y la mesa del Pan, partido
y repartido. En la acción de gracias, Rosa nos hizo echar unas
lagrimillas y con buen humor terminamos cantando a nuestra querida Virgen
del Carmen, a quien está dedicada esta iglesia.
Después fuimos a casa y posamos en una sencilla sesión
de fotos, con un buen sol y un tiempo primaveral, vamos que todo acompañaba.
Pasamos a la sala de estudio convertida en comedor y con dos camareros
de lujo, los muchachos más mayores del hogar, nos sentamos a
la mesa para seguir compartiendo lo celebrado en la eucaristía.
Al final, llegó la tarta y después los regalos y las postales
de felicitación de las diversas comunidades. A todas os queremos
dar las gracias por vuestra oración y comunicaciones. Tras una
sobremesa reposada y un breve paseo, comenzó la partida de unos
y de otros. Y la vida que sigue: ¡Juntos andemos, Señor!
Hna.
Judith Blanco, ctsj
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