Quiso
Dios que cuando el verano de 1984 estaba llegando a su fin, la Congregación
de Hermanas Carmelitas Teresas de San José, anidaran en Lepe.
Desde entonces, hasta el día de hoy, y quiera Dios que por
muchos años más, han venido haciendo el bien a la comunidad
lepera.
Desde
las primeras fundadoras, hermanas, Esperanza Sáez Salvador,
Estefanía Pinos Miranda, Mª del Carmen Álvarez
Merino, a las que las siguieron, María García Escudero,
Rosalía Llamazares Villares, Teresa Gutiérrez, Irene
Sastre, María Jesús Benito, Rosalía Llamazares,
Carmen Nebreda, Ana María Ana Villanueva Sáez, Mª
Teresa Gutiérrez Benavides, Teresa González Sancha,
María Martínez Martínez, María Jesús
Benito Benito, Esther Rodríguez Berjón, Carmen Nebreda
Martínez (e.p.d), Rafaela García Sánchez, Avelina
Hervella Lameiro, Anunciación Mayoral Angulo, Mª Irene
Sastre Juez, Mª Eulalia Bosom Banús, Pilar Montejo Arnáiz
y Encarnación Martínez Santos. Todas, han dejado en
Lepe su impronta personal y la del Instituto al que pertenecen que
este año celebra el centenario de su aprobación Pontificia.
(10 de abril de 1911).
Son
personas de una valentía extraordinaria. Dejan atrás
a sus familias, a sus amigos, su cultura, sus costumbres, sus tradiciones,
su clima, en fin, sus vidas y se la entregan a los demás. Hay
que ser muy valientes para hacer esto. Pero es que además no
lo hacen por obligación, ni siquiera por un sueldo, ni por
prestigio social, ni por poder, sino por AMOR. Por amor a Dios y por
amor a los demás. Yo creo que son personas singulares.
Mi
mujer y yo hemos tenido la suerte de que nos invitaran hace dos años,
a unirnos a la Fraternidad Carmelitana de Lepe. Desde entonces hemos
ido conociendo a las Madres Fundadoras, Teresa Toda y Teresa Guasch,
gracias a las cuales, a su tesón, a su confianza en Dios y
a su esfuerzo, hicieron esta hermosa realidad que son las Hermanas
Carmelitas Teresas de San José.
Y
después de conocer la personalidad de sus fundadoras, estamos
ahondando en el carisma del Instituto: La búsqueda de la perfección
de la caridad, manifestada a través del celo por la gloria
de Dios y por la compasión por las necesidades, espirituales
y materiales, de los demás, por el Anonadamiento y la Infancia
Espiritual. Entendiendo por Anonadamiento desvivirse por los demás,
entregar la vida por ellos a imagen de Jesús. Y por Infancia
Espiritual, llegar a convertirnos en auténticos niños,
en los niños de Dios, de quien debemos esperar todo lo que
un Padre bueno puede dar a sus hijos, es decir, es fiarse de Dios
sin condiciones ningunas.
Nos
han enseñado a orar en comunidad. A compartir, no sólo
lo material, que también, sino lo espiritual. Nos han enseñado
la sencillez, la solidaridad, la confianza en el Padre, y a ir trabajando
en el desprendimiento del yo para dejarle el sitio a Jesús.
Aunque esto es lo que más nos cuesta.
Lo
que más me llama la atención de ellas, es su sensibilidad
con los problemas de los demás, y su alegría, no la
alegría insulsa, sino la alegría de quien se siente
hija de Dios y tiene puesta su confianza en el plan de Dios.
Supongo,
sé que todas las Comunidades Carmelitas que hay por España
y por otros países del mundo, trabajan igual de bien que la
de Lepe, pero como es la comunidad que conozco y en la que me he integrado,
quiero hacerles este particular homenaje que bien podría hacerse
extensivo a todas las demás comunidades. Que Dios y la Virgen
Santísima permitan que esta comunidad siga en Lepe muchos años
más, ayudándonos a los leperos, niños, jóvenes,
adultos y ancianos, a acercarnos más a Jesús y a confiar
en Dios Padre como verdaderos hijos suyos, porque eso nos llevaría
a ver a los que nos rodean como verdaderos hermanos, y esa es la verdadera
y autentica revolución que salvaría al mundo.
Nuestra
más sincera felicitación por ese centenario haciendo
el bien, nuestro gratitud por haber anidado entre nosotros y de todo
corazón muchas gracias a estas tres violetas leperas, que hoy
representan a las otras diecisiete que han pasado por aquí;
Eulalia, Encarna y Rafaela.
Como
decimos en nuestra tierra para expresar lo bien hecho: ¡Olé!,
¡Olé! y ¡Olé! Que Dios os bendiga.