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En Riudecanyes, año 1826, comenzó esta bella historia: dos mujeres, Teresa Toda y Teresa Guasch...
Aquel grano de mostaza que en 1878 fue echado en los campos de la Iglesia, se ha desarrollado sólidamente.
Creced como violetas, volad como palomas, con sencillo corazón.
Siendo para los jóvenes y niños, madres, maestras y amigas.
Nos esforzamos para que los distintos lugares donde desarrollamos nuestra misión sean espacios de acogida.

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07/01/2017
ENCUENTRO GENERAL DE HERMANAS EN MÉXICO
El Encuentro General de finalización del quinquenio fue una experiencia cargada de vida y entusiasmo, de cuestionamiento y sobre todo, de desafíos y retos para nuestra vida Consagrada.

Del 13 al 17 de diciembre estuvimos reflexionando el segundo núcleo de nuestro itinerario formativo, que fue en la línea de “los votos desde los excluidos, paradoja y desmesura…”

El día 15, celebramos con gozo la apertura al año del centenario de la muerte de nuestra Madre Teresa Guasch, fundadora de la Congregación. El Padre Alejandro Solalinde presidió la Eucaristía y nos motivó a seguir las huellas de nuestras Madres Fundadoras quienes habían sido unas grandes mujeres, que desde su vida de marginación social y eclesial habían roto con estructuras  para luchar por la justicia y defender los derechos de las niñas.

La participación y visita del Padre Alejandro Solalinde no fue casual. Desde el 19 al 26 estaba programada una experiencia de misión en el Albergue de migrantes “Hermanos en el camino” en Oaxaca, al sur de México. El Padre Alejandro Solalinde Guerra, sacerdote católico, mexicano, es defensor de los migrantes y coordinador de la Pastoral de Movilidad Humana Pacífico Sur del Episcopado Mexicano. Recibió el premio nacional de los derechos humanos en 2012. Además dirige el albergue “Hermanos en el Camino” y otros seis  a lo largo del país, proporcionando asistencia humanitaria e integral y orientando a los migrantes de Centro y Sudamérica en su paso a  Estados Unidos.

Pasamos la mañana preparando esa experiencia misión, conversando sobre elementos esenciales del albergue, cómo surgió, la problemática con la que se encuentran al llegar al país, los grandes peligros que pasan,… También nos compartió que a las personas que han sido víctimas de un delito en el país, se les apoya de acuerdo a las leyes de México. Este sacerdote nos hizo partícipes de su entusiasmo y entereza, de su fe encarnada y vivida desde los últimos.

El 18 por la noche viajamos a la Ciudad de Ixtepec, en Oaxaca. Vivimos allí, durante ocho días con los migrantes, celebrando el nacimiento de Jesús. En el albergue de migrantes “Hermanos en el camino”, nos encontramos con personas en búsqueda, supervivientes en la realidad de dolor, de esperanzas, de injusticia que viven nuestros hermanos y hermanas migrantes. Muchos tienen que huir de sus países por la violencia, otros para buscar mejores condiciones de vida para sus familias, otros para buscar refugio, otros porque han sido despojados de sus tierras… mujeres, hombres y familias con niños.

En el albergue colabora la comunidad del Hermanas del Santo Ángel y algunos voluntarios que de un modo personal se acercan a apoyar el proyecto. Fue numeroso un grupo de jóvenes que llegó de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) a colaborar en el albergue por estas fechas de Navidad (ya lo llevan haciendo cuatro años).

Nuestra presencia fue de escucha y aprendizaje, de acoger el misterio de Dios en ellos. Muchos leen sus vidas desde Dios, y dan gracias por estar vivos, por las personas que a lo largo de su trayecto les han ayudado, y descubren cómo en “lo malo” que les pasó, Dios no les dejó. Todas las mañanas tras una sencilla oración, los voluntarios del albergue nos reuníamos para organizar el día y terminábamos con la frase “estoy aquí para servir”. Y esa fue nuestra consigna. Fue una experiencia transformadora y transformante donde crecimos como mujeres consagradas, como Hermanas Carmelitas Teresas de San José en el contacto con los preferidos por Jesús.

Al regreso, el 26 llegamos a casa y fueron de distintos llegando, de distintos lugares, las Hermanas de la Delegación. Damos gracias a Dios y a las Hermanas de la Delegación de Nuestra Señora de Guadalupe, por permitirnos participar junto a ellas, los días del 26 al 29 de diciembre, en el Encuentro de fin de año. Estuvimos trabajando sobre el camino de revitalización y  reestructuración que hemos de seguir como Congregación. Fue un encuentro muy rico donde hubo tiempo para compartir, profundizar, reír y soñar juntas.

Y como no puede terminarse esta experiencia sin que visitáramos el Santuario de la Virgen de Guadalupe, el día 2 de enero nos acercamos a la Basílica a celebrar la Eucaristía. Presentamos a nuestra Madre María, la Congregación, las realidades de nuestros países, las preocupaciones y dolores, las ilusiones y proyectos…”¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”, escuchamos, confiamos y dejamos en sus manos todo lo que llevaba nuestro corazón.

En la tarde recorrimos el Zócalo capitalino: sus calles, el museo de Bellas Artes, la plaza Garibaldi... Nos sentimos muy agradecidas por estos espacios que nos hacen crecer en identidad y pertenencia, y compartir la vida de manera distinta.

Una Hermana nos alentaba: “¿Cómo va ese encuentro? Ánimo en la recta final”  y nuestra respuesta es que esta experiencia sin duda está marcando un antes y un después en nuestra vida como mujeres consagrada.

Gracias a todas las Hermanas que lo han hecho posible, a las Hermanas del Gobierno General que lo han programado, a las Hermanas de la casa de la Delegación de México que han cuidado todos los pormenores, a las Hermanas de la Delegación por su acogida y sus detalles y a las Hermanas de nuestras Comunidades por haber facilitado nuestra participación en este evento.

En nombre del grupo de Hermanas,

 Hna. Esmeralda Blanco Rodríguez, ctsj




































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